La llamada “semanera” funciona más como escenografía política que como rendición de cuentas: agenda cerrada, preguntas cómodas y cero contrastes. A esto se suma la campaña “500 días contigo”, una publicidad permanente disfrazada de acción de gobierno, que invade espacios informativos y desplaza cualquier evaluación real de resultados.
El patrón se repite: boletín, foto y agradecimiento. Medios alineados priorizan la narrativa oficial mientras la crítica se vuelve excepción. El mensaje publicado en X por la alcaldesa, agradeciendo “a todos los medios”, lejos de mostrar pluralidad, confirma la alineación y exhibe una relación asimétrica donde la pauta manda.
Aquí la frontera entre información y propaganda se diluye. Cuando el presupuesto define la cobertura, el debate público se empobrece y la ciudadanía pierde. No es casualidad: es continuidad panista, un método heredado y perfeccionado por operadores de comunicación del Partido Acción Nacional.
En Mérida, mientras el Ayuntamiento presume orden y cercanía, la crítica se encierra y el micrófono se alquila. Gobernar no es comunicar mejor; es responder mejor. Y hoy, la propaganda está ganando.
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